Las alternaciones de la escritura reconocida, tienden a ser, en varias ocasiones, sencillas formas entrerramadas de decir rimbombantes emañaramientos de la manera más dramática, para generar un estilo "propio" de divulgación sugestiva que cautive al lector; por eso, impajaritablemente, ese no es mi caso y está fuera de mi más sincera compañía interlocutoria, el profundo sentimiento de apego a muzarañas semanticofocales por compartir tales por cuales ideas emperiguelladas.
Pero la realidad es otra, es el encuentro del escritor con su escrito, del güeboneador con lo suyo, mejor dicho, la forma de abducción o asco que se le produce al otro, porque por el tiempo se produce alguna cosa, por mucho o poco que sea el mismo sujeto, los intervalos superponen las partes.
Es un lluvioso ataque epiléptico (con toda su argentinidad incluida) de engaño impuesto en cada palabra escrita, a pesar de toda su sublime elocuencia en flote de aquel: egoconsentido-cariño-apreciado por el si mismo de cada palabra saliente del sujeto.
Posiblemente no necesitemos conclusiones sino aperturas, igualmente estamos inmersos en ellas. chao.

No hay comentarios:
Publicar un comentario