Un caminito agobiado parece ser el resultado al rededor de los fosforitos prendidos en cada una de las arterias principales. Los movimientos ligeros se apoderaron de cada uno de los sentimientos sometidos a la necesidad.
Se fueron desplazando cada uno de ellos, muy suavemente como trenza hilando destinos equívocos, tanto así, hasta llegar al punto de ser un sello muy fuerte que es inexplicablemente imposible de romper.
Hace mucho frío ya, dejarlo es como caminar sin oxígeno en espera de un desmayo a 3/4 de pasos intermedios.
Olvido, olvido, olvido! Lo necesitamo..., se acaban los refugios de zetas...
martes, 9 de febrero de 2010
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